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¿Deslizamientos submarinos?

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Todos hemos visto alguna vez en carreteras o en la televisión deslizamientos de laderas en tierra firme. Dado que las consecuencias no son siempre deseables para la población, es importante estudiarlos para poder prevenirlos y controlarlos.

El método en tierra es siempre el mismo: nos situamos frente al talud, lo contemplamos desde la distancia larga, lo medimos en la distancia corta… y lo asaltamos en la fase final aupándonos a su zona más elevada para completar la inspección. Luego, con toda la información geométrica, geológica y geotécnica, y con la ayuda de algunos ensayos hechos con muestras de sondeo, calculamos el estado de equilibrio de la zona, poniendo a un lado de la balanza las fuerzas a favor de la estabilidad, y al otro las que pugnan por romper la ladera.

Las laderas que nos han traído hasta aquí difieren en un pequeño detalle: están bajo el mar, a profundidades de hasta 2000 m, pero al igual que las de tierra pueden sufrir deslizamientos. El cañón de Almanzora-Alías-Garrucha, como muchos otros, no es una excepción. Dado que no podemos ver directamente sus márgenes y ni mucho menos caminar por ellas, ¿cómo las estamos estudiando?

Lo primero que estamos haciendo es identificar las zonas potencialmente más peligrosas. Para esta tarea empleamos, en primer lugar, las sondas de batimetría con las que cuentan el barco y nuestro amigo el Idef’x, que día a día nos van desvelando el relieve del fondo marino, del que nos interesan morfologías como grietas, escarpes y pequeñas depresiones, que de otra forma solo podríamos conocer caminando sobre ellas.

A continuación, mediante los métodos sísmicos, vemos un corte transversal con cuerpos lenticulares de estructuras internas más bien caóticas y sin estratificaciones claras, marcados en amarillo en la siguiente figura, que nos indican que estos procesos han venido ocurriendo en diversos momentos de la historia geológica del cañón.

Todo lo contado hasta aquí nos va a permitir definir un modelo geométrico y geológico de estas laderas. Pero esto no es todo: en su estabilidad interviene también una parte mecánica; es decir, la resistencia de los materiales a su rotura y deslizamiento. Pensando en este aspecto, también estamos tomando muestras con un sacatestigo de gravedad, que vimos en nuestra anterior entrada; con algunas de estas muestras, y ya en tierra, efectuaremos ensayos geotécnicos para su caracterización geomecánica. Con este mismo objetivo, pero ya en una segunda fase del proyecto, volveremos a visitar los cañones, en esta ocasión con un moderno equipo de penetración estática, un CPTU (piezocono), lo que supondrá poder caracterizar los materiales in situ desde el punto de vista de su resistencia y de su compresibilidad, algo difícil de hacer en el medio marino. Pero eso será en otra campaña.

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